El gobierno del Reino Unido planea imponer una prohibición del uso de teléfonos inteligentes en las escuelas de Inglaterra con el objetivo de reducir distracciones y mejorar las condiciones de aprendizaje en las aulas.

La propuesta contempla limitar el uso de estos dispositivos durante las horas lectivas y exigir que los móviles permanezcan apagados y guardados cuando no sean necesarios para la enseñanza salvo en casos autorizados por el centro educativo.

Según el plan las escuelas podrán aplicar políticas disciplinarias más estrictas y los responsables educativos contarán con herramientas para confiscar dispositivos cuando sean inapropiados para el entorno escolar.

Expertos señalan que la medida podría fortalecer la concentración en clase y reducir el acoso digital, mientras que otros advierten sobre posibles efectos negativos en la alfabetización digital de los estudiantes.

El gobierno ha indicado que la medida formará parte de un proceso de consulta pública y posibles reformas legislativas, con un calendario previsto para su implementación en los próximos años.

Las asociaciones de docentes y las asociaciones de padres han emitido reacciones mixtas, algunas a favor por la reducción de distracciones y otras en contra por sentirla como una restricción excesiva a la autonomía educativa.

En conjunto la iniciativa podría cambiar la dinámica en las aulas y contribuir a garantizar entornos de aprendizaje más estructurados mientras se mantiene la seguridad y se promueve una educación digital responsable.