Los relojes inteligentes prometen precisión total pero la ciencia demuestra límites claros en sus mediciones básicas. Muchas funciones de seguimiento se sustentan en algoritmos que simplifican la realidad y puedan introducir errores cuando las condiciones cambian. La importancia de entender estas limitaciones se intensifica cuando dependemos del reloj para el control de salud o rendimiento diario. En la práctica, los sensores registran datos dentro de rangos que no siempre reflejan con exactitud la situación real del usuario. Por ello no conviene confiar ciegamente en cada cifra sin considerar el contexto, la variabilidad individual y el modo de uso. Los investigadores advierten que la interpretación de datos debe hacerse con cautela y con conocimiento de las limitaciones técnicas y biológicas. Este artículo presenta seis formas respaldadas por la ciencia en que tu reloj puede engañarte sin que lo notes a simple vista.